domingo, 1 de diciembre de 2024

¿Y si solo quiero ser una chica?

Ya ha llovido bastante desde que No Doubt sacó esta canción...


... pero parece que muchas mujeres continúan viéndose reflejadas en su letra y reinterpretándola, como suele suceder con las buenas canciones. Cuando Gwen Stefani escribió Just a Girl allá por los noventa, pretendía llevar a cabo con ella una crítica feminista. Stefani estaba cansada de la infantilización a la que sometían sus padres; seguía viviendo con ellos pasados los veinte años, y todavía la obligaban a llamar a la puerta de su cuarto cuando volvía tarde a casa después de pasar la noche por ahí. ¡Qué pesados! La letra deja claro que Stefani no era "solo una chica" voluntariamente; quería que se la tratara como a una mujer adulta. 

        I'm just a girl
        I'm just a girl in the world
        That's all that you'll let me be

El apelativo "chica" (girl) dirigido a mujeres adultas posee connotaciones bastante perversas. "Chica" es sinónimo de "niña" o "pequeña"; como tal, las chicas son seres indefensos, incompetentes, necesitadas de un hombre que las rescate de su propia ignorancia e incapacidad para valerse por sí mismas en este mundo salvaje e implacable. La niñez y adolescencia de los seres humanos se prolonga durante casi el doble de tiempo que la de los chimpancés, que son nuestros "parientes" más próximos (evolutivamente). La infancia (o, más bien, la infantilización) de la mujer se prolonga, sin embargo, mucho más allá de su pubertad, de su décimo octavo cumpleaños e, incluso, de su boda y de su muerte. En Just a Girl, Stefani se rebela contra esta infantilización; termina cantando: "I've had it up to!" ("¡Estoy harta!"). Este alzamiento contra la denominación de "chica" ha sido común en las últimas décadas, en las que los espacios feministas en la red han sido dominados por la vertiente más girlbossiana del movimiento ("¡yo no soy como las chicas; sé jugar al fútbol!").

Recientemente, algo ha cambiado. En TikTok encontramos vídeos que usan como audio la canción de Stefani, pero con un significado muy distinto al que pretendía la cantante; "I'm just a girl" ya no es la afirmación irónica y frustrada de Stefani ante una sociedad que infantiliza sistemáticamente a las mujeres, sino una celebración. Su nuevo significado es más bien: "Efectivamente, ¡soy solo una chica y me encanta! 🥰🎀 ¡Me gustan el rosa y las pegatinas con ponis, y no sé conducir!". En principio, la reapropiación del término "chica" pretende ser subversiva, poner en valor la feminidad, señalar que no es inferior a la masculinidad, que no debe ser rechazada y que, de hecho, rechazarla es misógino (!!!). Pero, por supuesto, es muy difícil desmantelar un sistema opresivo haciendo uso del lenguaje que lo sustenta y abrazando sus categorizaciones y estereotipos. De tal modo, la reivindicación de la feminidad y del derecho de las mujeres a ser "solo chicas" acaba derivando en joyitas como:

Porque a todas las chicas nos encanta que nuestro hombre alimente a la bestia del consumismo más irracional para satisfacer nuestros caprichos de chicas (joyas, flores y ropa).



¿Por qué se ha dado este giro? ¿Por qué la infantilización ya no es rechazada, sino acogida y celebrada públicamente por las mujeres? Las causas probablemente sean demasiado complejas y numerosas como para tratarlas en una entrada de blog. La infantilización a la que muchas mujeres escogen someterse en la red no es exclusiva del género femenino, cabe aclarar, sino que es parte de una tendencia mucho más general de las personas (hombres y mujeres) a considerarse niñas a sí mismas, y que se está volviendo muy prevalente en redes sociales. Un ejemplo; el resurgimiento de la Hello Kitty, los Sonny Angels y los muñecos Sylvanian en los últimos años, todos ellos dirigidos a un público infantil, pero viralizados por adultos en Internet. Personalmente, tengo algo parecido a una teoría sobre el tema.

Cuando la injusticia es accesible desde todas partes, es mucho más cómodo concebirse a uno mismo como un niño que como un adulto. De críos, percibimos a los adultos como figuras casi omnipotentes; nuestros padres son los que traen la comida a casa, los que resuelven nuestros problemas y tratan con los demás adultos, con los que dan miedo, los monstruos bajo la cama. De mayores, descubrimos que los monstruos operan de acuerdo a métodos más sutiles, dañinos y complejos de lo que imaginábamos. El mundo se revela no como un lugar en el que el "bien" prima sobre la excepción del "mal", sino como el producto de la reiteración diaria de un "mal" sistémico del que la injusticia es intrínseca. El sistema patriarcal, por ejemplo. Sus ramificaciones son tan amplias que resulta abrumador; no puede ser posible que yo luche contra esto... Peor aún, que yo sea parte de esto, que yo también perpetre este mal. Soy una víctima. Si no soy omnipotente, si no puedo hacer nada, no puede ser que sea un adulto; solo soy un niño, o una chica, indefensa, que necesita que alguien la rescate, que alguien (cualquier persona menos ella) haga algo. Si resultara ser algo más que una chica... Entonces, la culpa sería insoportable. No; nadie quiere ser libre, y las mujeres solo queremos ser chicas.

Alejandra Martínez Rodríguez



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