lunes, 30 de septiembre de 2024

¿Qué fue antes: Internet o la nostalgia?

Los seres humanos tendemos a creer que el pasado fue mejor de lo que fue en realidad. El fenómeno tiene nombre: "retrospección idílica". Se verbaliza a la perfección en este momento en The Office:

No podemos saber que estamos viviendo los viejos tiempos, más por una cuestión natural que por una intelectual; los "viejos tiempos" nos los inventamos después de haberlos dejado atrás. En Internet hay millones de cerebros y algoritmos trabajando para elaborar complejos memorísticos en los que imágenes descontextualizadas y prendas rescatadas de las páginas más denostadas de la historia de la moda, entre otras, sirven como los elementos estructurales que sostienen un pasado común e individual que siempre parece mejor que lo que sea que estemos viviendo ahora. Al fin y al cabo, que algo haya sucedido realmente nunca ha sido un requisito para que lo echemos de menos.

Se lleva decir que los millenials y la generación Z somos generaciones "nostálgicas". Pero cabe preguntarse si vamos más a la busca del tiempo perdido que nuestros padres o si vivimos en un entorno digital cuya infraestructura favorece la nostalgia. En Instagram podemos acceder a antiguas publicaciones, a perfiles de amigos con los que ya no hablamos y a nuestra lista de cuentas bloqueadas. Llevamos siempre una cámara para inmortalizar casi todo en todo momento y que Google Fotos genere un álbum que recordarnos en "este día" en unos años. Irónicamente, hay estudios (como este) que señalan que el uso de redes sociales como "discos duros" de recuerdos nos vuelve más olvidadizos y que, además, nos impide experimentar del todo nuestras vidas. Ante la seguridad de que esto pasará, reunimos con ansiedad las pruebas de que una vez pasó (aquí mismo, bajo una luz algo más grata). Si no, ¿cómo asegurar que ha pasado? O, peor aún; ¿cómo cerciorarnos de que no vamos a olvidarlo? 

Si ser olvidado es morir, ¿por cuántas pequeñas muertes no hacemos duelo cuando olvidamos los momentos que no fotografiamos, o los que se pierden cuando desactivamos la copia de seguridad de Google porque ocupan demasiado espacio imaginario? Las grandes empresas de Internet hacen caja alquilando a sus usuarios trasteros de ceros y unos en sus servidores para que guarden sus recuerdos. Las marcas también sacan partido de los viejos tiempos con colecciones de los 2000 (el y2k). ¡Vuelve Oasis! En ciertos sectores del espectro ideológico, la nostalgia es imperativa y determinante (no todos los nostálgicos son iguales). ¿Qué hay de los recuerdos que confiamos a los archivos de las redes sociales? ¿Serán eliminados progresivamente, como las fotografías archivadas en Instagram?

Hay una posibilidad más cercana y peligrosa: que las historias no se pierdan, sino que continúen siendo accesibles entre tantas otras que jamás nos acordemos de dónde están o de leerlas de nuevo, o que estemos demasiado cansados como para buscarlas. Demasiados recuerdos son peligrosos no solo para el estado anímico de una, que puede estar viviendo apaciblemente hasta que Spotify le recuerda esa canción que escuchaba hace unos años, sino también para la memoria colectiva. Aquello que escogemos recordar (o lo que la estructura de la nube nos permite recordar) se convierte en el pasado, y el pasado informa el presente. Tras la distracción aparece a menudo una sensación molesta, como un zumbido. ¿No había entrado yo en esta habitación para hacer algo?

Alejandra Martínez Rodríguez

¿COMPRO LO QUE QUIERO O ES PORQUE TIKTOK ME ABDUCE A ELLO?

Marcos Moreno González

Las tendencias son uno de los pilares de la moda, pero las redes sociales han acelerado de manera drástica su velocidad. Antes el ciclo de las tendencias solía ser de entre 5 y 10 años y eran presentadas por cantantes, actrices, modelos… personajes públicos. Ahora, en cambio, se crean también de la mano de inlfuencers o cualquier persona con presencia en redes que consiga llegar a cierta audiencia. Estas tendencias de vida corta se llaman micro-tendencias.

Las micro-tendencias son tendencias que tienen un gran auge en redes sociales haciendo que por semanas o meses sean lo más deseado entre los creadores de contenido imponiendo el consumo de esta. Sin embargo, estas burbujas igual de rápido que nacen, se desvanecen. A menudo surgen de forma natural en plataformas como TikTok, donde nacen de la mano de creadores populares, ascienden de forma rápida y se cuelan en todas las páginas “Para ti” de los usuarios. En un periodo aproximado de un mes, incluso menos, la micro tendencia pasa de moda y nadie vuelve a hablar de ella. El problema surge cuando cadenas de moda rápida como Shein se hacen eco de ello y las convierten en fácilmente accesibles, perpetuando el consumo excesivo. Para que todas las novedades lleguen a tiempo las condiciones en las que se produce tienden a ser poco éticas, se utilizan materiales de poca calidad e incluso se han llegado a encontrar restos de químicos tóxicos en las prendas.

El concepto de micro-tendencia nace aplicado a la moda, pero realmente se puede aplicar a todo ya que se ven con artículos que se ponen de moda rápidamente por una alta tasa de exposición en redes sociales de este. Por ejemplo, en mi caso, a los sony angels son estos ángeles en miniatura con aspecto aniñado y pueril coleccionable y que cada paquete es sorpresa. Estas figuras llevan meses invadiendo las redes sociales, en especial TikTok, siendo artículos que acompañan a influencers que los coleccionan por cientos o estado adheridos a los móviles de famosos como Rosalía y su sony angel de melón. Por eso, me surge ¿Si no hubiera estado expuestos a decenas de videos de sony angels de verdad lo hubiera comprado de forma genuina? ¿Cuánto tardaré en quitar este incómodo muñeco de mi móvil porque ya siento que ha pasado de moda y lo aborrezco?


Carolyn Mair en su libro The Psychology of Fashion reflexiona sobre el deseo de comprar tendencia tras tendencia y cómo esto no tiene que ver con la capacidad de atención sino con la costumbre. Cuando los espectadores son testigos de cómo otras personas se alegran de ser percibidas por la ropa que llevan, sienten el deseo de adquirir esa misma prenda. Acostumbrarse a esa sensación, motiva a seguir comprando con la esperanza de reavivar ese placer y emoción.

martes, 10 de septiembre de 2024

¿POR QUÉ SE NOS VA LA CABEZA?

 Somos Antônia Da Silveira, Nayara Garde, Víctor Sola, Alejandra Martínez y Marcos Moreno, estudiantes del doble grado de Periodismo y Humanidades en la UC3M. Además de estudiantes, somos (por suerte o por desgracia), chronically online, o lo que algunos boomers definen en términos de "nativos digitales". Por tanto, no solo somos conscientes del impacto de las redes en la salud mental, sino que también experimentamos sus efectos en nuestras cabezas. Así, huiremos de las formalidades para que toda víctima del scrolling pueda verse reflejada en nuestras cavilaciones. A lo largo de este blog, trataremos diversas temáticas en relación al impacto de las redes y las nuevas tecnologías en la salud mental. ¿Cómo afecta una exposición prolongada a las pantallas en la atención de los niños? ¿Por qué no puedo escapar del fomo? ¿Por qué sigo comparándome con los usuarios de Instagram aun sabiendo que no muestran la realidad de sus vidas? ¿Por qué soy el bicho raro de mi pueblo pero en Twitter soy un éxito (y encima nadie lo sabe)? ¿Por qué le doy likes a las historias y luego no me atrevo ni a mirarle? ¿Soy alguien fuera de Internet? Puede que solo se nos esté yendo la cabeza...

REFLEXIONES

Marcos Moreno González En este blog no quería explicar algún estudio de caso o problemática, sino que he preferido reflexionar acerca de u...