domingo, 24 de noviembre de 2024

Un narcisista, un manipulador con apego evitativo y una girlboss hacen trauma dumping en un bar

¿La conclusión de la broma? Los tres resultan ser la misma persona...

Llamar a las cosas por su nombre nunca ha sido fácil. Siempre ha resultado, por este motivo, un juego peligroso. A través de las redes sociales, las personas están expuestas a más nombres para las cosas que nunca, es decir, a más palabras, en términos puramente cuantitativos; a más horas que pasamos pegados a las pantallas, más palabras leemos o escuchamos. Aunque en las redes predominen las formas de contenido visual, triunfan también formatos basados en el lenguaje verbal. Esto es más evidente en Twitter (o X, supongo), la red del microblogging, que en Instagram, YouTube o TikTok, pero en estas últimas encontramos fórmulas como los videoblogs (en sus múltiples facetas, como el storytime y el GRWM), los videoensayos o las infografías que se fundamentan, básicamente, en las palabras. Como en cualquier otro medio, canal o lugar de transmisión, la red posee también una jerga propia, unos patrones concretos que, a través de horas y horas de consumo pasivo, pueden entreverse en su lenguaje.

Entre memes cuyas estructuras sintácticas se replican ad infinitum como frases hechas, encontramos también una tendencia que tal vez sea humana en general, pero que se exacerba en el entorno virtual; la de ponerle nombre a todo. Y dado que los nombres no surgen como moscas de la generación espontánea, sino que lo hacen en el seno de una infraestructura que lleva implícita en su organización una ideología, la popularización a gran escala de determinados usos de las palabras en redes se convierte en un juego particularmente peligroso, en la medida en que el lenguaje introduce sibilinamente los principios de dicha ideología conforme esta se vuelve progresivamente más difusa, no reconocida y objetivizada. Esto es sobre todo aplicable en referencia a lo que se ha venido a denominar therapy speak o psychobabble (o sea, "habla de terapia" o "balbuceo psicológico").

Algunos ejemplos: apego evitativo, narcisismo, trauma dumping, gaslighting, relación tóxica, disociar, vínculo afectivo... Muchos de estos términos existían previamente a su viralización en redes y poseen significados muy concretos (científicos, imagino) en el ámbito académico. En Internet, se han convertido en los significantes de un método para la gestión (casi empresarial) de las relaciones humanas. Dado que estas palabras proceden, en apariencia, del contexto terapéutico, que se presupone un tratamiento con una base científica, se considera que, necesariamente, hacen referencia a realidades objetivas e irrefutables (como si no pudiera argumentarse que la ciencia y la psiquiatría son, también, políticas, e instrumentos para el ejercicio del poder).

Siguiendo la lógica del habla de terapia, conductas, situaciones y formas de relación complejas y con matices son reducidos a la última etiqueta de moda. El amor es un tipo de vínculo afectivo. La comunicación de la perspectiva ajena se convierte en gaslighting. Toda interacción es susceptible de convertirse en una nueva forma de manipulación frente a la cual es sujeto es víctima y ante la que debe priorizarse, siempre, sobre el otro, e imponer límites. La búsqueda de beneficio propio no es egoísmo, sino el curso de acción preferente. En la concepción liberal de las relaciones humanas no existe el dilema del prisionero.

Asimismo, las personas no deberían vincularse con otras si tienen baja autoestima o malestar psíquico de cualquier clase, puesto que pueden causar daño, ser "tóxicas". Las relaciones son fuentes de valor. Las amistades son transaccionales. Los procesos humanos más complejos y dolorosos (las rupturas, el duelo, las despedidas) pueden resolverse siguiendo una serie de sencillos pasos, tan eficientemente como se rellena un tabla de Excel. Puede romperse una amistad como se anula un contrato. Con todas estas herramientas a tu disposición, si sufres, debe ser porque quieres; en esta sesión de terapia virtual, el problema siempre es individual, no sistémico. 

 

Este tipo de lenguaje proporciona algo que todos hemos deseado en algún momento: una receta sobre cómo ser persona. Lo hace acorde, además, con otra tendencia predominante en redes; la auto-infantilización, muy explícita en una de las fórmulas más populares de los últimos tiempos: "I'm just a girl" 🎀 . Cuando nos encontramos confusos, desorientados, necesitados de la intervención de una voz de la razón que nos revele en todo momento qué debemos hacer para conseguir lo que queremos sin hacer daño a nadie, la búsqueda de respuestas se vuelve más a menudo hacia el exterior que hacia nosotros mismos. Si ni dios ni mamá están a mano, siempre puede leerse una infografía de una cuenta de autoayuda Instagram. El otro día leí en Twitter que James Baldwin dijo en su día: 

        "Love has never been a popular movement. And no one's ever wanted, really, to be free."

Alejandra Martínez Rodríguez










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