viernes, 22 de noviembre de 2024

Campanas de cristal y ningún tú

La cultura digital ha desterritorializado la identidad, nos ha matado a todos. Desde hace un tiempo, las estadísticas afirman que el número de enfermedades mentales y trastornos psicológicos ha aumentado como nunca antes lo había hecho. Nadie parece querer afrontar el problema y, lejos de plantear soluciones, se dice que los jóvenes somos una generación de cristal, una generación frágil y delicada. Sin embargo, el origen de la tristeza que ha absorbido a gran parte de la población no responde a causas esencialistas y, lejos de constituir un problema generacional o incluso biológico, se trata del mayor desarraigo humano de todos los tiempos. El origen de la tristeza se halla en la pérdida de la colectividad, en el arrebato de un otro y en la falsa creencia de que “tú puedes” si eres dueño y empresario de ti mismo. La tristeza no es una afección individual, es un trauma social que nos envuelve a todos bajo la misma campana de cristal. Mientras el sistema neoliberal actual sigue instándonos a tomar las riendas de nuestra vida, las conexiones con el otro se desvanecen y, poco a poco, vamos sintiendo la decadencia de nuestro espíritu y la muerte del “tu”.

Según Kako (2024), vivimos en tiempos de solipsismo existencial, entre infinitos yoes y ningún tú. Quizá, simplemente, hemos dejado de ser unos niños y por eso, nuestro paisaje parece más desolado; sin embargo, no solo hemos perdido la niñez sino que además nos han arrebatado la posibilidad de recuperar su mirada. El sueño de Baudelaire queda lejos ya, pues ese niño ya nunca vuelve, ni siquiera existió durante mucho tiempo. Si hay algo que acrecienta esta pérdida, sin duda es la cultura digital, que establece unos marcos delimitados a través de los cuales fabricamos el mundo. Estos marcos, pese a querer ofrecer una imagen benevolente y diversa de la realidad social, constriñen la mirada del niño y lo reducen al píxel. Es en el lugar de los poetas, en esa tierra prometida, donde la mirada del niño podría volver a renacer, allá donde lo consciente y lo inconsciente se funde, donde lo general y lo particular se roza (Luis, 2017). No obstante, este lugar ha perdido su tierra y su esencia, pues la tecnología lo ha profanado y vendido a Google. Entre tanto pesimismo, las alternativas a una vida mediada y controlada por lo digital parecen cada vez menos; sin embargo, aún existen guardianes entre el centeno que nos advierten de los peligros de caer por el precipicio y convertirse en un paseante nocturno entre edificios altos.  La solución pasa por abandonar lo digital , por reconstruir los afectos y retornar a los campos de centeno.
Bibliografía:

- Kako (2024). El solipsismo existencial entre tantos yoes y ningún tu. Revista Eolo.

- Luis, A. Z. (2017). El lugar de los poetas: Un ensayo sobre estética y política. Ediciones AKAL.

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