lunes, 18 de noviembre de 2024

💔🕊️😞

 


En su intento por comprender la fotografía, Barthes se acerca también a ella en calidad de spectator (sinónimo de espectador). Introduce en su estudio, dos términos que ayudan a comprender la experiencia del espectador, de la “persona que ve fotos”: studium y pactum. El studium es el interés que el espectador posee en la imagen o fotografía, a la que busca porque quiere satisfacer un deseo (de cualquier tipo). El pactum sin embargo, es aquello que el espectador no busca pero, aún así, sale de la escena y parece “pincharle”. El pactum se clava como una flecha. No todas las fotos poseen pactum y, en la actualidad, no puede decirse tampoco que todas las fotos tengan un stadium. Quizás resulta más lícito decir que el stadium estaba presente siempre antes de la existencia del scrolling… 



A lo largo de la historia han sido muchos y muy variados los rituales que nos han acompañado a nosotros, los humanos, ante la pérdida de un familiar o ser querido. Danzas pintorescas, estatuillas curiosas o tristes homilías pueden vincularse desde tiempos remotos con la muerte. Además de su trasfondo escatológico, todas estas prácticas guardan una estrecha relación con el arte: permiten liberar de manera original los pensamientos (tristes o felices pero, siempre caóticos) que rondan la mente ante la presencia cercana de la muerte. 

Hoy en día, esto parece haber cambiado. Si bien es cierto que aún se celebran funerales, se escriben canciones de dolor y se venera a los muertos con flores (aunque estas se han vuelto cada vez más artificiales); actualizar la foto de perfil de Whatsapp, compartir un post de Instagram o subir un Tik Tok demostrando que se está mal, se han convertido en los rituales más populares. A veces, estas publicaciones ni siquiera contienen texto o imágen. Un emoji de un corazón roto o una paloma sobre un fondo oscuro basta para comprender que el fallecer ha llegado. No obstante, por lo general, quienes afrontan el duelo tienden a compartir fotos con el muerto. En los mejores casos, estas imágenes muestran al fallecido feliz, aún con vida. En los peores, una mano amarilla gobierna la fotografía. Ahí no hay vida. 

Puede que resulte redundante pero, cuando una persona muere deja de existir (físicamente). Sus representaciones, ya sean fotografiadas, dibujadas o soñadas, no pueden ofrecer a los vivos una encarnación fidedigna de lo que fue y ahora es Historia. O por lo menos, no pueden hacerlo sin ser doloroso. Cuando alguien fallece, desaparece con él su esencia y lo que queda en esas instantáneas sólo son falsificaciones de la misma. Lo que permanece es un “casi algo” que empuja al espectador a una búsqueda agónica de lo ya muerto. De este modo, el stadium que mueve a las personas a la visualización de imágenes de muertos es la búsqueda del reencuentro. El pactum que sale de la escena, resulta ser la incapacidad del reencuentro. 

  • «Decir ante tal foto "¡es casi ella! me resultaba más desagradable que decir ante tal otra: "no es ella en absoluto". El casi: régimen atroz del amor, pero también estatuto decepcionante del sueño -es la razón por la que odio los sueños-. Pues acostumbro a soñar con ella (sólo sueño con ella), pero nunca es completamente ella: (...) que es ella, pero no veo sus rasgos nunca (pero, ¿es que acaso vemos en sueños o, acaso sabemos? Sueño con ella pero no la sueño. Y ante la foto, como en el suelo, se produce el mismo esfuerzo, la misma labor de Sísifo» (p. 107, Barthes). 

Como consecuencia de los nuevos rituales funerarios imperantes ya mencionados, en la actualidad, la persona que se enfrenta al duelo se ve obligada (impulsada en gran medida por sus propias acciones), a enfrentarse de manera recurrente con ese pactum que le recuerda lo que no va a ser. Es más, si se tiene en cuenta la percepción que Barthes ofrece de la fotografía al enfrentarse a ella en calidad de spectrum, las fotos compartidas (con los muertos) se convierten en una reafirmación tenebrosa de la muerte (de la propia y de la ya acontecida). Además, normalmente, las fotos compartidas son acompañadas por comentarios y aportaciones de otros seres (aún) vivos que, tristemente muestran sus condolencias y apoya. Reaparecen los emojis: carita triste, corazón roto y paloma sobre fondo negro. “Te acompaño en el sentimiento”, ¿de verdad? “Lo siento”, ¿por qué? 

Así, en un intento por liberar de manera original los pensamientos (tristes o felices pero, siempre caóticos) que rondan la mente ante la presencia cercana de la muerte, aquellos que postean imágenes con sus muertos solo se tiran piedras sobre su propio tejado. 

Pero, aún hay esperanza. En La cámara lúcida, Barthes narra el modo en el que consigue encontrar a su madre muerta en una fotografía antigua. Para ello, se enfrenta a un arduo proceso de observación pero, finalmente la ve, sucede ese reencuentro. Sin embargo, la actitud que toma el autor ante esta situación es la contraria de lo que cabría esperar en la actualidad. Barthes se guarda la foto para él.

  • «Esta Foto solo existe para mi solo. Para vosotros sólo sería una foto indistinta, una de las mil manifestaciones de lo “cualquiera”; no puedo constituir en modo alguno el objeto visible de una ciencia; no puede fundamentar objetividad alguna, en el sentido positivo del término: a lo sumo podría interesar a vuestro studium: época, vestidos, fotogenia; (no abriría en vosotros herida alguna)» (p. 117, Barthes). 

Por desgracia, ahora, lo que no se comparte en redes parece no existir. Ni siquiera el dolor, ni siquiera un adiós. 


Nayara Garde, Grupo 61










No hay comentarios:

Publicar un comentario

REFLEXIONES

Marcos Moreno González En este blog no quería explicar algún estudio de caso o problemática, sino que he preferido reflexionar acerca de u...