jueves, 14 de noviembre de 2024

HARTO DE VIVIR EN UN MUNDO DE DOCTORES LIENDRES, QUE DE TODO HABLAN Y DE NADA ENTIENDEN

 

HARTO DE VIVIR EN UN MUNDO DE DOCTORES LIENDRES, QUE DE TODO HABLAN Y DE NADA ENTIENDEN

Marcos Moreno González

¿Soy el único que está harto de escuchar, leer o ver opiniones de tanta gente sobre todo? ¿Soy el único que está harto de ver que si das una patada a una piedra te van a aparecer 100 autodenominados expertos o que, a pesar de que no se pongan esa impronta, se comporten como tal? ¿Soy el único que está harto de ver cómo dices, escribes, publicas o cómo sea el soporte en el que te expreses corras el riesgo o te vengan gente a dar su opinión? ¿Soy el único que está harto de, aun teniendo una opinión formada acerca de un tema, corras el riesgo de que te venga gente que no tiene ni idea a desmentirte o a buscar que te desdigas? ¿Soy el único que está harto de esa gente que tiene opinión y saberes para absolutamente todo? ¿Soy el único que está harto de que en el momento que ocurre algo ya sea una catástrofe o un hecho insignificante ya todo el mundo sepa absolutamente todo de todas las aristas que comprenden a dicho caso? ¿Soy el único que está harto de los doctores liendres, que de todo hablan y de nada entienden? En fin… ojalá haber crecido en otro momento en el que la gente era prudente al expresarse y se limitaba a sentar cátedra de aquello que dominaba.

Este sentimiento de frustración, agobio, saturación… viene de mi indudable sobreexposición a redes sociales, las cuales nos han hecho creer, a mí también —no voy a ser yo quien peque de arrogancia—, que esa accesibilidad a tanta información que circula por el medio digital y de la cual todo el mundo habla, nos obliga de forma implícita a tener que desarrollar nuestra opinión, idea o sentencia acerca del tema en cuestión. En conclusión, todos en Twitter saben de política, medicina, ingeniería hidráulica, gestión de crisis, de periodismo, de frutas y verduras, de cómo cuidar el campo, de meteorología, de brujería, futurología, de teorías conspiranoicas… pero nadie sabe callarse la boca.

Las redes sociales nos han hecho narcisistas, ególatras y protagonistas de absolutamente todo, y nos han hecho creer que todo lo que digamos importa, que necesitamos hacer ver al mundo que nuestra opinión importa y que no podemos vivir sin que la publiquemos. Esto no ha hecho más que intensificar aquel famoso síndrome que no es nada nuevo en nuestra sociedad, el efecto o síndrome de los doctores liendres. Este síndrome implica un exceso generalizado de confianza en el individuo, aunque no siempre, que le lleva a que, con unos niveles bajos de dominio del campo, tenga la imperiosa necesidad y decisión de expresar una opinión. Esta opinión, en la mayoría de los casos, conlleva unos bajos déficits de conocimiento y las personas que sufren este síndrome no son capaces de reconocerlo y, en su defecto, piensan que lo están haciendo bien. En realidad, esto no se trata de un síndrome, sino de un efecto llamado efecto Dunning-Kruger, acuñado por David Dunning y Justin Kruger en 1999 (año en que se publicaron los resultados de su análisis) y que se define como la tendencia de las personas con baja habilidad en un área específica a dar evaluaciones demasiado positivas de esta habilidad. Es un sesgo cognitivo, es decir, una forma de pensar y juzgar erróneamente.


Este efecto tiene dos maldiciones. En primer lugar, las lagunas y las corrupciones que sufren en su experiencia los llevan a cometer muchos errores y equivocaciones. Y, en segundo lugar, estas mismas lagunas y corrupciones los dejan incapaces de reconocer que están cometiendo errores y de apreciar que las respuestas de sus pares son más apropiadas y sabias que las suyas. En la actualidad, habría que analizar si este efecto se agudiza por el alto intrusismo de muchas profesiones que llevan a pensar, por ejemplo, que por tener nociones básicas de historia que hace años que no se actualizan puedes opinar de, por ejemplo, la reconquista, el franquismo o el proceso colonial sin tener en cuenta todo lo que implica.

Según dicen los que estudian todo esto, el imprudente tiene tanta confianza porque cree que, con la poca y pobre información, datos y veracidad que tiene sobre el tema, puede construir una opinión casi irrefutable. Sin embargo, una vez que te empiezas a ilustrar sobre una materia, te vas dando cuenta de la cantidad de información, de la cantidad de sesgos, de versiones… que hay, que se te hace imposible tener la total confianza como para sentar cátedra. Es decir, en un debate sobre historia, si eres el doctor liendre, por lo general vas a creer que lo que dices tú es la verdad a pesar de no tener un profundo bagaje sobre este, lo que te va a llevar a construir una opinión que vas a expresar seguramente con una gran vehemencia. Sin embargo, la persona que sí que es experta en historia sabe que es un campo tan amplio, con tantas especialidades, subapartados y formas de estudiar que, aun por muy experto que sea, no va a tener la soberbia de creer que todo lo que sabe él es la verdad y todo lo que diga es correcto. En verdad, siendo honestos, hay gente experta en historia, y en cualquier tema, que va a pecar de esa arrogancia propia de los doctores liendres, pero eso ya se sale del síndrome del que hablamos.



En una realidad digital que, por su propia naturaleza, te obliga a pecar de narcisismo, no a ser menos en el momento en el que tengas que dar tu opinión. Sin embargo, estos doctores liendres tienen una vertiente mucho más perversa y es que, en el contexto actual en el que vivimos en la era de la posverdad, estos personajes ya no son doctores liendres por inocencia, sino que de forma consciente tienen que dar su opinión por muy errónea que sea. En el escenario actual en el que se han encargado de que desconfíes de las instituciones, medios, información oficial… y, por tanto, impera un escepticismo en torno a toda la información oficial unido a que hay tanta información que contrastar y tantas formas de justificar tu erróneo contraste, te lleva a sumergirte en una ciénaga de incertidumbre donde discernir qué es verdad es tarea imposible. El hecho incorruptible e irrefutable ahora ha tomado una degradación donde todo tiene aristas y perspectivas, por tanto, ahora más que nunca, no se está seguro de nada. Pero todo esto es tema para otro blog motivado por otro desquicie.

En conclusión, el síndrome de los doctores liendres nace del egocentrismo humano agudizado por las redes sociales cuya naturaleza te hace ser así. Estos no se dan cuenta de que están errando y hacerles verlo va a ser aún más contraproducente, puesto que atacas directamente a su ego y no al bagaje de información y sabiduría que podrían llegar a tener sobre el tema. Sin embargo, estas figuras se tornan perversas cuando ya no solo esparcen información errónea o inexacta inocentemente, sino que la utilizan como modus vivendi y operandi de todas sus intervenciones, por lo que, en la era de la posverdad, son el germen perfecto para causar el caos e incendiar absolutamente todo.


País, E. E. (2017, November 30). El efecto Dunning-Kruger o por qué la gente habla sin tener ni idea. Verne. https://verne.elpais.com/verne/2017/11/29/articulo/1511971499_225840.html

Sánchez, P. (2021, January 9). Efecto Dunning-Kruger: por qué se opina sin tener ni idea. Mundo Entrenamiento. https://mundoentrenamiento.com/efecto-dunning-kruger/

 

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