La historia de la música es también una historia de acosadores o, como se acostumbra a decir últimamente, de stalkers. Ya lo dijo Noel Gallagher, de Oasis: "¿Qué, me preguntas si soy feliz? Escucha: tengo ochenta y siete millones de libras en el banco. Tengo un Rolls Royce. Tengo tres acosadoras. Estoy a punto de entrar en la directiva del Manchester City. Soy parte de la mejor banda del mundo. ¿Estoy contento con eso? No, no lo estoy. ¡Quiero más!". En la enumeración de las cosas maravillosas que trae ser una estrella del rock se incluye, por supuesto, ser perseguido por fanáticos obsesionados. Supongo que, cuando estás solo girando por el mundo, es un consuelo pensar que siempre hay alguien pensando en ti 🥰... (Es broma).
Los casos de acosadores de celebridades son tan numerosos y mediáticos que el personaje del stalker se ha convertido casi en un arquetipo, que, incluso, ha hecho gala de sus habilidades para la geolocalización y la tortura psicológica en la literatura, la televisión o el cine, como, por ejemplo, en Play Misty for Me, de Clint Eastwood, o Perfect Blue, dirigida por Satoshi Kon. Pero, ¿cuáles son las condiciones que deben darse para que nazca un stalker? Pareciera que no es tanto una cuestión ambiental como tecnológica y que, conforme la tecnología evoluciona, se desarrollan también de formas novedosas y sorprendentes el carácter y los métodos de los acosadores y acosadoras y las formas en que expresan su relación con el objeto de admiración (que, quizás, ya ni siquiera tiene por qué ser una celebridad). El último término popularizado en redes para denominar la conexión entre el fan y el famoso es "relación parasocial".
¿Qué es una relación parasocial? Hoffner y Bond (2022) la definen del siguiente modo:
"Las relaciones parasociales (RPS) son conexiones socioemocionales que las personas desarrollan con figuras mediáticas como celebridades o personajes de ficción. Las RPS se asemejan a las relaciones sociales offline aunque la intimidad percibida por los individuos con las figuras mediáticas no sea recíproca."
Un caso práctico. En Twitter (o X, supongo) proliferan las autodenominadas stans. Exacto, como la canción de Eminem en la que un fan loco le dirige una serie de mensajes cada vez más hostiles hasta suicidarse junto a su novia (los caminos de la etimología son inescrutables). Las (y los) stans conforman tribus de internet que han adoptado como ídolos a estrellas del pop. Por ejemplo, las ARMY (fan del grupo de k-pop BTS), las swifties (seguidoras de Taylor Swift), las arianators (equivalente para las fanáticas de Ariana Grande), etc. Para las stans, el ídolo no solo es definitorio de su identidad online (y, en extensión, del total de su identidad, puesto que tienden a ser personas chronically online), sino que es, además, un amigo. Saben demasiadas cosas acerca de él como para ser desconocidos; conocen los detalles de su trayectoria sentimental, su rutina de maquillaje, sus comidas favoritas, los cumpleaños de sus padres. Por tanto, las stans le son leales; deben promocionar sus singles, apoyar a su pareja en Instagram (hasta que rompa con ella), defender a la estrella de los ataques (o comentarios inofensivos) de otros usuarios en la red... Es lo mínimo que se debe hacer por un amigo.
Las redes sociales (y, antes que ellas, los medios de comunicación de masas) crean un acceso (artificial, calculado al milímetro) a la intimidad más recóndita de las personalidades de la música, la televisión o de las propias redes (es decir, los influencers), que da una falsa impresión de familiaridad y, consiguientemente, la noción de tener derecho sobre la vida o el porvenir de alguien (en la medida en que debe algo al fan; su fama, su riqueza o sus servicios como soldado en defensa de su honor en la red). También dan lugar no solo a nuevas formas y requisitos para la expresión del fanatismo o la lealtad por la estrella, sino a métodos innovadores para perseguir los instintos más antisociales derivados de la obsesión no correspondida.
El más peligroso, en la medida en que puede traducirse en desagradables consecuencias más allá del espacio virtual, es el doxxing, es decir, la revelación de la identidad, dirección o datos personales de un usuario anónimo. Un ejemplo; cuando las stans de Nicki Minaj desvelaron la localización del cementario de la madre de su artista "rival" Megan Thee Stallion. En resumidas cuentas; puede darse el caso de que, si criticas abiertamente a Taylor Swift en Twitter, le lleguen e-mails a tu jefe pidiéndole que te despida. Pero los damnificados por la conducta de los stans no tienen por qué ser enemigos o críticos de sus estrellas favoritas; los propios artistas "staneados" pueden rechazar la conducta de su fandom. Este verano, Chappell Roan, quien ha experimentado un ascenso meteórico en el último año (de ser una artista de nicho a actuar en Saturday Night Live), se dirigía directamente a sus fans en Tiktok para pedirles que, por favor, la dejaran en paz, alegando que se estaba acosando a su familia. La artista Eliza McLamb escribió este breve ensayo respecto al caso de Roan que creo que merece la pena leer.
Iba a seguir reflexionando sobre cómo las dinámicas del acoso que tan fácilmente reconocibles resultan en las relaciones parasociales se están introduciendo en las relaciones al uso, es decir, cara a cara, pero se me está quedando una entrada muy larga. Quizás lo deje para la siguiente. Pero, antes del punto final, me gustaría lanzar una última idea; que en redes, no solo las celebridades o personalidades nicho (las llamadas microcelibrities) pueden ser objeto del hostigamiento de fanáticos enfervorecidos, sino que el acoso, como el arte y el conocimiento, se ha democratizado (gracias, Mark Zuckerberg). Ahora que exponemos nuestras vidas y estamos expuestos a las de los demás, participamos constantemente de ambos extremos de la relación parasocial. La clave, desde mi punto de vista, es la autopercepción; quizás, antes de meterte a esa lista de seguidores, deberías echar un vistazo a tu interior y preguntarte si la idea que te estás formando de la vida de esta persona que acabas de conocer o que no conoces de nada se fundamenta en algo más que la proyección de la relación que te gustaría tener con ella. ¡Un saludo!
Alejandra Martínez Rodríguez
Bibliografía
Hoffner, C. A. y Bond, B. J. (2022). Parasocial relationship, social media, & well-being. Current Opinion in Psychology, 45. https://doi.org/10.1016/j.copsyc.2022.101306
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