lunes, 9 de diciembre de 2024

Te pierdo y no te voy a encontrar

Además de las conversaciones incómodas, muchas conversaciones importantes han sido trasladadas al plano digital. Esto vuelve a estar vinculado con la incomodidad que normalmente las acompaña. Resulta difícil “romper el hielo” y “lanzarse a la piscina” a la hora de realizar una declaración de amor (o de guerra) o de dar inicio a lo que será una despedida sin final. A todo esto, se le debe sumar la incursión de lo tecnológico en nuestra cotidianidad. Son muchas las veces en las que, a pesar de estar cara a cara, la comunicación se establece vía online. Este modo se considera más íntimo; recibir un mensaje privado cuando estás rodeado es sinónimo de complicidad. El “cuentitos a la oreja, cuentitos de vieja” ha evolucionado y, ahora, puede ser reemplazado por algo así como “mensajitos al privado, mensajitos de pringado”. 

Los mensajes se convierten en algo más que simples acumulaciones de palabras. Suponen una recopilación de pequeños gestos que adquieren un mayor significado según su contexto; un simulacro de las verdaderas conversaciones fugaces, que son “llevadas por el viento”. Los chats de Whatsapp componen un diario compartido, lleno de fotos, momentos y vídeos. Deslizando por la conversación, todos esos recuerdos abandonan la pantalla y transportan a su lector, que es a su vez emisor y receptor. Mediante la lectura de una serie de mensajes, se reafirma la legitimidad de la relación establecida entre los participantes del chat. Sin embargo, se trata de un diario etéreo de fácil pérdida. 

¿Qué pasa si un día te levantas y han desaparecido todos los datos de Whatsapp? Ese diario compartido se habrá desvanecido para siempre, no hay ningún sitio donde se pueda buscar. No existe una papelera digital o, al menos, no existe una que se pueda alcanzar con facilidad. Aquel diario íntimo no estará entre las sábanas ni debajo del sofá. Se habrá perdido de verdad, ¿cómo justificar entonces que entre los miembros del chat existe (o existía) una relación genial? 

Hemos vuelto a encerrar lo espontáneo dentro de una pantalla rectangular. Esto nos lleva a generar vínculos con conversaciones y demás gestos que, antes, se perdían en el directo.

NAYARA GARDE, GRUPO 61


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