lunes, 14 de octubre de 2024

"Heterocurioso", pásate por mi blog

“Heterocurioso”, “pasivodiscreto” o “twink2004” son solo algunos de los nicknames que inundan tanto las redes sociales como las aplicaciones de búsqueda de pareja. Sus perfiles se alimentan de la morbosidad y los únicos datos que exhiben son la edad, la ubicación o, en algunos casos, el tamaño de sus genitales. Internet se presenta como un espacio de coexistencia y comunidad para aquellos sujetos marginados del plano físico, sin embargo, este temprano contacto con la otredad provoca que la socialización queer se fundamente en el anonimato y la exclusión. De tal modo, surge lo que Barnhurst denomina “the queer paradox of technology”, es decir, la convivencia antagónica de esperanza y peligro que genera Internet entre los adolescentes del colectivo LGTBI. 

“Heterocurioso” no se anda con tonterías, en sus historias ofrece sexting, fotos privadas o encuentros casuales y discretos. Sus casi 2000 seguidores en Instagram así lo confirman, creando un vasto armario subterráneo de sujetos que experimentan su identidad desde las profundidades de la red. He aquí un ejemplo del modus operandi de estos sujetos:




Entre estos seguidores se encuentra un adolescente que salta a la vista por su prematura edad: su nombre es Javier y afirma tener 13 años. Más allá de los múltiples delitos que puedan envolver el caso, su presencia en este submundo digital constata uno de los principales eventos culturales para el colectivo: la autoidentificación. En este proceso de aprendizaje, Javier se adentrará en su identidad y evaluará sus peligros, experimentará el concepto de comunidad y clasificará las características de sus “similares”. Finalmente, Javier advertirá lo que Troiden ha denominado “disembodied affiliation”: el fenómeno digital por el cual un sujeto asimila su identidad a través de entidades incorpóreas. 


Si Javier asume las dinámicas digitales, interiorizará la idea de que su identidad no precisa de un cuerpo. En consecuencia, su homosexualidad se expresará de forma incorpórea, generando una enorme disociación entre su cuerpo y el deseo sexual. Con facilidad y esquivando la opresión social, este entramado cibernético cimentará las bases de una sociedad deshumanizada que prioriza la “seguridad” digital en detrimento de las relaciones abiertamente homosexuales. 


En este momento, Javier apaga su móvil y se adentra en el mundo real. Se sienta a cenar con sus padres y el telediario anuncia una nueva agresión homófoba; estudia en un colegio donde “heterocurioso” le insulta y llama maricón; vuelve a su casa y enciende el teléfono. Entre sus manos sostiene la única esperanza, apaga las luces y se sumerge entre las sábanas de su cama. Abre sus redes sociales y repite el proceso. Javier nunca será gay, solo incorpóreo. Javier conocerá a un chico y no entenderá por qué su cuerpo tiembla. Crecerá y descubrirá a dos hombres ocultos en un bosque. A Javier siempre le quedará Internet. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

REFLEXIONES

Marcos Moreno González En este blog no quería explicar algún estudio de caso o problemática, sino que he preferido reflexionar acerca de u...